Regnum Crystallus

Sean bienvenidos a esta tierra, que el manto de los tres supremos guíen tus pies sobre esta nueva tierra…
 
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 Lobo y Cordero (Priv.)

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MensajeTema: Lobo y Cordero (Priv.)   Mar Ago 24, 2010 6:40 pm

Aquella noche la posada estaba tan a rebosar de gente que ella, junto a otras de las muchachas, tuvo que bajar a ayudar en el piso de abajo – puesto que había escasez de meseros - con el tema de servir bebidas y comidas, en fin, todo lo que la gente pidiese.

Lo cierto era que, quitando a sus compañeras, la mayoría de los que estaban allí sentados eran todos hombres de todos los gustos y colores. El ambiente del lugar era lúgubre y el calor de las velas y de la humanidad residente en el local lo hacía ver todo más pequeño, acogedor, pero demasiado acalorado. Se conocía de vista – y no solamente de vista – a la mayoría que estaban allí apurando hasta la última sus frescas cervezas y devorando como animales sus platos de carne.

Hubiese deseado salir un momento a la calle para aspirar un poco del fresco aire otoñal y librarse de paso del pesado alboroto de la gente que de vez en cuando le impedía atender a las órdenes del mesero que se encontraba detrás de la barra y que anunciaba que ya tenía las bebidas listas para ser servidas, que la comida estaba lista recién sacada de la cocina y que aquél caballero de allá – fuese cual fuese – debía pagar antes de salir de puntillas del local.

De todos modos, prefería cien mil veces trabajar de esa forma que entregar su cuerpo a más de uno, y eso que un hombre ya la había empezado a mirar con ojos deseosos nada más entrar en la posada. Parecía compartir opiniones con sus amigotes, y en un abrir y cerrar de ojos, la atrajo hacia él por la cintura mientras él la miraba sonriendo sentado en su silla – No sabía que en Aden hubiese chicas tan guapas como tú – Ella se ruborizó, y eso pareció gustarle a él - ¿Eres tímida? Quizás debamos superar eso juntos, ¿qué te parece? – Se puso en pie y la apretó un poco más contra él; ella no podía hacerle nada, era su trabajo, si él deseaba algo más se lo daría sin rechistar, pero por muy apuesto que fuese aquél hombre que ahora examinaba sus bonitos pechos apretados y subidos por el pobre corsé de tela gris que vestía, no podría sentir otra cosa que repulsión, aunque hacía ya mucho tiempo que había aprendido a imaginar estar en otro lugar.

El hombre se acercó a su cuello y lo olisqueó mientras jugaba con una de sus graciosas trencitas. Le pareció muy joven, ¿cuántos años tendría? ¿Catorce, quince, dieciséis? La sola idea de hacerlo con una mujer tan joven le excitaba demasiado.
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Alain

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MensajeTema: Re: Lobo y Cordero (Priv.)   Vie Ago 27, 2010 7:08 am

-A mí me parece que ella se siente incomoda, y sería una buena idea que la dejara tranquila -dijo una voz, que sonaba más bien calmada, como si fuera más una sugerencia que una orden, el semielfo se dejó ver vestido con sus antiguas prendas de sacerdote, aunque tenía ya un buen tiempo que había dejado ese camino-. Si es que hay un Dios, tal vez decida castigarte si ve lo que estás haciendo...

Lo curioso de su apariencia era que a pesar de sus prendas, no llevaba una cruz colgada al cuello. Estaba cruzado de brazos, y su cabello le cubría parcialmente el rostro. En todo caso, todo indicaba que estaba hablando en serio, y que no toleraría que le llevaran la contraria.

-Y en caso de que no exista, que es lo más probable...porque de otra forma, ya se habría encargado de ti, entonces seré yo quien te castigue -sentenció, ladeando la cabeza hacia un lado, tomó al sujeto de un hombro y lo separó de la chica, con sutileza, como si fuera un amigo que lo alejaba del mal camino-. Te pido cortesmente que sigas tu camino.

Terminó dandole un ligero empujón al sujeto, y después miró a la joven con una mirada amable, como si acaso fuera un gran amigo de su infancia. Aunque en verdad, era un lobo disfrazado de oveja, un antiguo sacerdote convertido en guerrero...y también alguien que había perdido la fe. Al ver la cruz que llevaba la chica, frunció el entrecejo, pero lo disimuló con sutileza, era demasiado bonita como para empezar mal.
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MensajeTema: Re: Lobo y Cordero (Priv.)   Vie Ago 27, 2010 8:46 am

Ciertamente el hombre la estaba incomodando, pero no podía hacerle nada. Para su suerte, alguien intervino haciendo retroceder un poco de mala manera al hombre - Está bien... padre - El hombre se despegó de la chica y también hizo un gesto con el hombro para librarse de la mano del desconocido de cabellos castaños al que instantáneamente se le quedó mirando, quizás un poco perplejo por sus palabras - Si es usted un cura, ¿no debería maldecirme? ¡Hágalo! Aunque parece que ni usted cree en Dios - Se burló y su chiste fue acompañado por las risas de algunos de sus amigos al tiempo que volvía a sentarse en su silla - Esta mujer es una puta padre, y usted no debería estar aquí, no es lugar para un cura, no conseguirá enderezar a ninguna de estas - Dijo refiriéndose con total desprecio a todas y cada una de las chicas que allí estaban - No hago nada malo padre, yo les pago por sus atenciones, pero parece que la Iglesia se me adelantó - Le lanzó una última mirada al sacerdote y regresó a la conversación con sus amigos; no lo dejaría pasar tan fácilmente.

Gabrielle escuchó atentamente todo ese monólogo que el bárbaro presentó ante el cura y esta se le quedó mirando incrédula; ¿no creía en Dios? ¿Y entonces por qué vestía como un cura? ¿Y ese gesto que hizo al dirigir su mirada hacia la cadena de plata con la cruz de Cristo pendiendo de ella qué significaba? Sin duda aquél extraño ataviado de santo había despertado más de una curiosidad y antipatía en el local.

La sonrisa del padre la cautivó de cierta forma, aunque ella estaba tan perpleja como el resto; tímidamente, se la devolvió - y no supo muy bien por qué, quizás fue un acto reflejo - y esta hizo que se iluminase todo su angelical y por lo tanto dulce rostro.
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MensajeTema: Re: Lobo y Cordero (Priv.)   Sáb Ago 28, 2010 7:07 am

-Hmmm...de hecho no es mi intención arruinar la fiesta, caballeros -recalcó mientras aquel hombre regresaba con sus amigos para seguir la conversación que tenía antes, era evidente que buscaría desquitarse por lo sucedido, y tenía que estar alerta-. Simplemente me parece que no estaba usted actuando de la manera correcta. A las criaturas del señor hay que tratarlas con el mayor cuidado y todo el respeto posible, como si fueran un cordero. Ustedes, los lobos...no tienen mi simpatía.

¿Cómo había aprendido a hablar de esa forma? Resultaba obvio que algo había aprendido durante su tiempo como sacerdote. Le propuso a la chica que se sentara con él, algo alejados del sujeto que acababa de correr y de su banda de amigos...si acaso pensaban hacer algo, los vería venir con tiempo suficiente para defenderse.
Sonrió satisfecho por verla con el rostro tan iluminado, y después se fijó en el resto del local. Miradas furtivas, dispersas...levantaba muchas sospechas por haber actuado de esa manera, aunque no era algo que le preocupara mucho en ese momento. Comenzó con tranquilidad.

-Espero no hacerte sentir incomoda...-dijo con una ligera inclinación de cabeza, al momento que se llevaba una mano al pecho, por encima de su corazón-. No pretendo hacerte daño, aunque tampoco había venido a este sitio con la intención de reformar o de cambiar a la gente. ¿Tan mal se ve un sacerdote en esta clase de lugares? Supongo que destaca mucho, como un hilo negro en una sabana blanca, pero de cualquier forma, si quieres descubrir mis intenciones, tendrías que hablar conmigo.

(( Perdona linda, había estado algo ocupado u.u ))
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MensajeTema: Re: Lobo y Cordero (Priv.)   Sáb Ago 28, 2010 1:02 pm

Aquellos hombres, y en especial el que había empezado la disputa, hizo caso omiso a lo que el supuesto cura dijo, ya habría tiempo de hacerle tragar todas sus vacías palabras, por el momento era mejor apurar la cerveza, amarrarse a otra mujer y seguir charlando con sus amigos.

Gabrielle atendió a la petición del cura y caminó junto a él hasta sentarse en una mesa un poco alejada de las demás, cerca de las escaleras que subían a las habitaciones donde ella y las demás chicas pasaban la mayor parte del tiempo ejerciendo su trabajo. Una vez sentada, dejó sus manos cerradas sobre su regazo, mirando atenta al cura; ¿qué querría de este lugar?

Tragó saliva antes de lanzarse a hablar - No, estoy bien... pero temo que no entiendo qué hace aquí un hombre como usted, un cura - Al rato, una de las muchachas dejó sobre la mesa y cerca de él una jarra de cerveza - Tome padre, es un pecado muy sano - Añadió la muchacha con tono morboso guiñando un ojo a su compañera y provocando un ligero rubor en las mejillas de esta.

Cuando se retiró, continuó hablando - Dígame, si hay algo en lo que puedo ayudarle aunque... no sé mucho de lo que pasa ahí fuera - Dijo refiriéndose al exterior, a la vida urbana de la ciudad - ¿Ha pasado algo? - La cruz de su cuello resplandeció un segundo al tiempo que su rostro se tornaba entre curioso y precavido; ¿qué pensaría de ella? ¿Que era un alma perdida que necesitaba encontrar el buen camino? ¿Que no tenía solución? ¿Qué como dijo aquél hombre, no era más que una puta y así la sentenció a no tener sueños, deseos, y nisiquiera inteligencia? Bueno, así pensaban todos los hombres, y más de las ujere como ella.
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MensajeTema: Re: Lobo y Cordero (Priv.)   Dom Ago 29, 2010 7:03 pm

-Hmmm...Realmente no mucho. Las cosas siguen iguales a pesar del paso del tiempo, se hacen leyes pero el crimen no para, se inventan castigos pero el orden continua rompiendose, somos una creación imperfecta...la verdad sea dicha -murmuró por lo bajo, posiblemente eso podría ser considerado una blasfemia, pero ya no tenía miedo de ese tipo de cosas-. Me ha sucedido lo peor que podría pasarle a un sacerdote, he perdido mi fe. Culpar a Dios no es lo más indicado...pero tras haberle dedicado tantos años de mi vida, aún no entiendo porque me ha castigado.

Negó con la cabeza un par de veces, dando a entender que no tenía intenciones de seguir con la conversación, al menos por el momento. Tomó la jarra de cerveza que le habían dado y la examinó con un gesto inquisitivo, como si dudara de su contenido. Finalmente bebió un sorbo, antes de volverle a hablar.

-Puedo leer en tu rostro que estás pensando en muchas cosas...no estoy seguro de poder ayudarte en todas, pero al menos podría intentarlo -dio un trago más a la jarra, antes de volverla a asentar en la mesa-. No hace falta ser un adivino para saber que no te gusta este lugar, que te gustaría salir y tener una vida mejor. En algún momento de nuestras vidas, todos deseamos algo parecido...a veces lo encontramos, en otras ocasiones no, y nos arrepentimos por haber dejado atrás nuestra vida anterior, por mala que fuera. O simplemente el destino interviene y cambia las cosas.

Arqueó una ceja, acomodandose un mechón de cabello que le había caído sobre el rostro. Después de eso, se acomodó en su asiento, con los brazos tras la nuca. Las miradas que se clavaban en su espalda ya habían perdido el interés, puede que fuera un cura extraño, después de todo, ¿A cuantos curas se les podía ver en una posada? Pero tampoco estaba alterando el orden del sitio, y por eso mismo, la gente regresó a sus propios asuntos.
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MensajeTema: Re: Lobo y Cordero (Priv.)   Dom Ago 29, 2010 7:18 pm

Suspiró aliviada, al menos no se había perdido nada especial que tuviese que ver con la vida del exterior. A penas salía de la posada, si acaso para hacer algún recado, y no podía estar siempre al corriente de todo, lo bueno era que toda la gente que acudía a la posada hablaban entre ellos de diversas cosas, algunas de ellas muy interesantes. Contaban historias increíbles sobre lugares lejanos que ella jamás, y para fomento de su desdicha, nunca conocería.

Le escuchaba atenta. Así que había perdido su fe, ¿y entonces por qué vestía los atuendos propios de un cura? ¿A caso por los privilegios que ellos tenían? Pero si había dejado de ejercer, seguramente habría tenido que dar cuentas de ello a sus superiores, y si seguía luciendo aquellos ropajes siendo una persona "normal", podría meterse en un buen lío.

No se atrevió a decir nada, pero la adivinación a cerca de sus anhelos más íntimos y profundos la tomó por sorpresa - ¿Ayudarme? - Desvió la mirada de él hacia la jarra de cerveza, una gotita se escurrió desde el borde recorriendo todo el cuerpo de la jarra hasta llegar a la mesa donde se fundió con la madera de esta. Apretó sus puños por encima de su regazo y volvió a guardar silencio. Regresó la vista a él y le vio recostarse sobre el respaldo de la silla con los brazos hacia atrás, miles de preguntas y muchas cosas que decir se amontonaban en su cabeza, pero por precaución, era mejor no decir nada - No creo... que haya venido a eso - Se atrevió a decir al final, y era cierto, ¿había venido a ayudarla? Pero si ni él tenía una gota de fe ¿por qué no le pedía subir a la habitación, tomarla, pagar y marcharse como hacían todos allí presentes?

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MensajeTema: Re: Lobo y Cordero (Priv.)   Sáb Sep 11, 2010 5:59 pm

-Umm...¿Entonces qué es lo que piensas? ¿Por qué un sacerdote vendría a un sitio como este? -en lugar de mostrarse ofendido o sorprendido, más bien parecía que la joven había despertado la curiosidad del joven, incluso se había dibujado una sonrisa en su rostro, como muestra de su intriga-. Ya has de haber adivinado que no he llegado con intenciones de convertir a alguien, puesto que ya no creo en mi religión. Y de haber venido como un cliente cualquiera...no habría tenido la necesidad de ponerme estas prendas.

Se acomodó su tunica de sacerdote, con calma. Después apoyó los codos sobre la mesa, parecía estar adivinando lo que ella pensaba, las cosas que se estaba preguntando. No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que había pasado la mayor parte de su vida en la posada, apenas asomando la nariz. Tomó otro trago de la jarra de cerveza, terminando su contenido, esta vez no había quedado ni una sola gota.

-No hace falta que la rellenen de nuevo, mucha cerveza nubla la mente...y la necesito tener despejada -difícil adivinar a lo que se refería con ello, ¿Para que querría tener la mente despejada en una posada? Tal vez para no contar sus secretos estando borracho, para encontrar el regreso a sus aposentos en la noche, o tal vez porque sus intenciones eran algo que todavía no revelaba-. Aún espero a que respondas a mi pregunta.
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MensajeTema: Re: Lobo y Cordero (Priv.)   Sáb Sep 11, 2010 6:18 pm

Lo cierto era que sus palabras no le ofrecieron una respuesta inmediata, parecía que de alguna manera quería jugar con ella teniendo de esa forma, la obligación de adivinar los pensamientos de él. Por un momento creyó saber a lo que venía, y quizás no se equivocaba, ¿pero entonces por qué vestir como un cura? ¿Por qué decía de ayudarla? No entendía nada, realmente estaba confusa y sintió por un instante como si perdiese la noción del tiempo y el espacio y solo se escuchasen de fondo las voces de los allí presentes como un eco muy lejano.

Al rato le vio apurar hasta la última gota de la cerveza templada que había estado pasando por su garganta una y otra vez. Cuando la jarra tocó de nuevo la mesa con un golpe suave y seco, reaccionó – No puedo imaginar otra cosa que... – Tragó saliva, apretó los puños y le miró algo distante a los ojos pues sentía cierta vergüenza; delante de ella se veía como un cura, ¿cómo demonios iba a decirle que venía por lo que todos los demás? – Creo que... ha venido porque precisa de... atenciones – Musitó a golpes y empleando un tono de voz algo bajo para el ruido que había en el lugar; desde el otro lado de la barra, la camarera seguía atenta la escena mientras secaba un par de jarras e intentaba leer los labios de ambos sin suerte alguna
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MensajeTema: Re: Lobo y Cordero (Priv.)   Dom Sep 12, 2010 7:03 pm

-Atenciones, ese es un termino interesante -junto las manos, sin fijarse en la camarera que trataba de entender que era lo que estaban diciendo, de cualquier modo, tal vez no lo habria entendido-. Hay muchas formas de atención, entre las cuales se me ocurre esta...Me estás escuchando, y en cierto modo, atendiendo a mis palabras. De igual modo se le da atención a los que han sido heridos y necesitan que sus males sean aliviados.

Ladeó la cabeza ligeramente, como queriendo decir "Y hay muchos ejemplos más, pero no estamos hablando de ello". Llamó a la camarera y le devolvió la jarra, ella le preguntó si acaso quería que se la rellenara, a lo que él respondió con un movimiento negativo. Había sido suficiente cerveza por la noche. No habló hasta que la mujer se hubo retirado a la barra de nuevo, tras lo cual volvió a fijar su mirada en la joven.

-¿A qué clase de atenciones te refieres? Creo saberlo -se llevó una mano al rostro, quitandose de encima unos cabellos que le habían caído sobre el rostro-. ¿Sabías que los curas tienen que permanecer siendo castos? Después de todo...dedican su vida a Dios, y deben ser fuertes, sin sucumbir a los placeres que el resto de las criaturas débiles disfrutan. Y me temo que, aunque soy fuerte, no puedo negarme a ellos, y ya que no soy cura, eso facilita un poco las cosas para mí.

¿Había sido muy directo? Tal vez, aunque uno podría pensar que había algo más entre sus intenciones, o no habría echado una platica tan larga para algo tan simple. Dejó que las palabras hicieran su efecto, antes de retomar la conversación.

-¿Quisieras irte de este lugar? -le preguntó con un semblante curioso, con la voz baja, casi a modo de susurro...el ruido de la posada había sido suficiente para que sus palabras pasaran desapercibidas para el resto de la gente, de modo que solo ella las hubiera podido escuchar.
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MensajeTema: Re: Lobo y Cordero (Priv.)   Dom Sep 19, 2010 3:12 pm

Repasaba atentamente todas y cada una de las palabras que él iba diciendo. Le parecía un hombre tranquilo y bastante inteligente, seguramente no era de esos que empleaba los puños para arreglar las cosas si no más bien las palabras pero claro, esto era lo que ella apreciaba muy por encima, quizás luego la sorprendía y resultaba ser el más malo de los malos.

Pero lo cierto es que a su alrededor de su figura parecía flotar un aura especial. Él no se veía rudo, sino delicado aunque fuerte. Estaba bien aseado y eso era de agradecer además su aspecto era realmente pulcro, desde sus ropas hasta sus largos cabellos castaños. Se decidió a hablar tras haber guardado silencio pacientemente – Seguramente... en otro lugar y con otras circunstancias... atendería de forma diferente a quien lo necesitase pero... – Le miró a los ojos y se mordió un poco el labio inferior dejándolo al segundo brillante por la saliva, haciéndolo apetecible sin quererlo, resaltando su tono rosado – Pero ahora es el momento de escucharos y... – No terminó la frase, más que nada porque la camarera llegó para retirar la jarra de cerveza echándoles un vistazo al alejarse y de nuevo él volvió a hablar.

Se sentía un poco extraña, por fuera le veía como un cura, ataviado con la ropa correspondiente y hablando así tan tranquila pero firmemente. Dejó claro que no se dedicaba a Dios y ambos sabían a lo que venía él pero a ella casi le parecía un insulto, una burla para el gremio de curas, para Dios, así que después de todo, el hombre que tenía sentado delante de ella no era tan santo como pudo parecerle en principio.

La última pregunta le sorprendió. Calló unos instantes y tragó saliva para después responder en el mismo tono de voz - ¿Por qué lo preguntáis? Este es mi único hogar, lo único que conozco, y quizás deba mostrároslo – Se puso en pie luciendo una muy bien fingida falsa sonrisa porque todavía no podía confiar en él, no deseaba que nadie le fuese con el cuento a su jefe o terminaría muy mal - ¿Querría... pecar conmigo? – Le insinuó cerca de uno de sus oídos – y se sintió más que sucia por ello – al tiempo que lo abrazaba por detrás con delicadeza, dejándole apreciar su perfume barato pero no por ello maloliente. Su abrazo era cálido, deseaba terminar pronto el trabajo.
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MensajeTema: Re: Lobo y Cordero (Priv.)   Sáb Oct 09, 2010 5:52 am

-No veo como podría rechazar una invitación de ese tipo...-se interrumpió a sí mismo en cuanto la vio levantarse de su asiento, y después esbozado aquella sonrisa, que era falsa a todas luces, aparte, cuando le abrazó por la esaplda no pudo sino estremecerse ligeramente, no por incomodidad, sino por la sensación de todas las miradas que tenían encima-. Es posible que este sitio no sea el indicado para mantener nuestra conversación, ¿Qué te parecería si buscamos otro?

Sus palabras parecían expresar más una pregunta que una orden, lo cual sería lo tipico de un cliente. Era posible leer en su mirada que si acaso ella le expresaba que la estaba incordiando, se iría del lugar sin causar problema alguno. Sin embargo, también podía dar a entender que no cedería, más eso no significaba que abandonaría la sutileza.

-Durante mucho tiempo, la iglesia fue mi único hogar, todo lo que conocía...el único sitio en el que quería estar -dijo, levantandose de su asiento también, mientras respiraba el aroma de aquel perfume, a pesar de ser barato, el olor era agradable y dulce. Además, el calor que ella le transmitía lo hacía todo mucho más tentador, por decirlo de alguna forma. Pero no...aún no era el momento, y ese tampoco era el lugar adecuado.
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MensajeTema: Re: Lobo y Cordero (Priv.)   Sáb Oct 09, 2010 3:05 pm

Se separó lentamente de él frotando sus aromatizadas muñecas sobre los hombros de él, suavemente, de forma que se impregnase más y más de su olor ya que así era, en parte, como quería que su deseo por ella creciera aún más porque un cliente con dinero como lo era él, no había que perderlo.

Sonriendo como siempre, lo miró de arriba a abajo en un vistazo tan rápido que quizás ni él se había dado cuenta; a la vista no se veían armas de ningún tipo, tal vez bajos sus ropas... y qué apuesto era - Um... ¿le gustaría subir arriba? Hay habitaciones y bebida, creo que estaríamos muy cómodos - Dejó caer otra invitación al tiempo que se acercaba a él para cogerse de uno de sus brazos y dejar que sus apretados y subidos pechos lo rozasen insinuantes y tentadores - Vámos - Le dijo enérgica - Me gustaría mucho que me contase más de "su iglesia" - Empezaron a caminar dejando al resto de presentes atrás y subieron unas bien escondidas escaleras que les llevaron directamente al piso de arriba donde tan solo había una chica paseando por los pasillos, esta les saludó y bajó rápidamente a la planta de abajo.

Gabrielle y su acompañante se pararon delante de una de las puertas de madera y ella sacó de su escote una pequeña llave algo desgastada con la que abrió la puerta que produjo un sonido un tanto chirriante; la visagras necesitaban un buen chorrito de aceite - Adelante, pase por favor - Le dijo entrando antes que él y haciéndose a un lado para que contemplase toda la sala.

Era sencilla, una cama, una ventana, una bañera de madera que parecía bastante resistente con y una mesa con todo tipo de bebidas además de un pequeño cestito de mimbre que guardaba en su interior "la protección", lo que venían a ser unos intestinos tratados, los condones modernos - ¿Cómo la ve? - Le dijo caminando para cerrar la puerta con llave y todo.
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MensajeTema: Re: Lobo y Cordero (Priv.)   Dom Oct 10, 2010 8:48 pm

-Es un sitio muy...-no encontró la palabra en ese instante, por lo que la tuvo que pensar, antes de responder-. Interesante, diría yo. Supongo que es un sitio indicado para llevar a cabo un "acto religioso".

Se paseó por la habitación, como si acaso fuera un comprador que estudiaba una casa en venta. Después asintió satisfecho, al momento que se acercaba a la ventana. Estaba limpia, por lo que se notaba que la pieza se aseaba de manera frecuente. Desde el interior, la noche parecía realmente algo...magico, como un refugio en el que podían ocultarse del resto del mundo.
O al menos, del resto de la posada.

-Bastante comoda, a decir verdad...-pasó a sentarse sobre la cama, la cual era bastante comfortable, las sabanas eran gruesas y calidas, y el colchón se notaba suave, especial para pasar un sueño inolvidable, o en el mejor de los casos, una noche...-. ¿Qué te parece si me acompañas un momento? Podriamos seguir teniendo nuestra conversación aquí.

Se fijó de reojo en aquel cestito de mimbre, aunque no hizo alusión a eso por el momento. Sabía bien que era lo que contenían...aunque no los solía usar con frecuencia. Que ella haya cerrado la puerta solo significaba que las cosas iban a ponerse mucho más interesantes a partir de ese momento...le dirigió una mirada insinuante, ¿O tal vez era picara? Difícil notarlo en la oscuridad de la habitación. De cualquier modo, lo que estaba pensando podía resultar muy obvio en ese momento.
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